BREVES APUNTES SOBRE LA CRISIS DE UNO QUE NO ES UN ECONOMISTA
De Giulietto Chiesa – de “Galatea European Magazine”
Primer apunte. Vayamos despacio con los paralelos históricos. Está de moda comparar la crisis actual financiera mundial con la de finales de los años ’20 en los Estados Unidos.
En otros términos: ¿Los dolores de cabeza de Barack Hussein Obama y de Franklin Delano Roosvelt tienen algo en común? ¿Es decir, la Gran Crisis del 1929 tiene algo que ver con la Gigantesca Crisis del 2007-2009 (y muy probablemente de los años siguientes)?”
Veo diferencias astronómicas. La más evidente es que Roosevelt inauguró de hecho el Imperio Americano en todo el mundo, mientras que Obama está denotando el fin. Un gran presidente el primero, probablemente un gran presidente también este último. Pero las diferencias son enormes. Roosevelt tomó en manos las redes de un país que era acreedor globalmente hacia el resto del mundo. No había en el planeta nadie que no estuviese endeudado con él. Obama ha heredado el mando del país más endeudado del planeta; un país que no solo tiene deudas por todas las partes, sino que además ya no está en condiciones de pagarlas.
Segundo apunte. Comparemos las clasificaciones de los primeros veinte gigantes mundiales por capitalización de mercado: la de 1999 y la del 2009. Estas cifras nos ayudarán a comprender mejor lo que significa cuando un imperio se acaba, incluso como se le puede cuantificar. En 1999 la lista estaba encabezada por Citigroup (151 mil millones de $USA) y comprendía nada menos que 11 protagonistas del mercado financiero anglosajón: americanos (siete) y británicos (cuatro). Era la maqueta que representaba el triunfo de la desregulación reaganiana-thatcheriana, del neoliberalismo sin fronteras y sin alternativas. Para encontrar un cíclope europeo (no británico) era necesario llegar al octavo puesto, ocupado por la UBS, la mítica Suiza bancaria. El primer japonés ocupa el noveno lugar (Bank of Tokyo-Mitsubishi). La linterna de Diógenes lograba encontrar otro cíclope europeo (además de los británicos HSBC, Lloyds TSB, Barclays, National Westminster Bank) solo más o menos en el 18º lugar, con el español Banco de Santander. En pocas palabras, América más Europa y poco más. El resto del mundo contaba poco o nada.
Tomemos en consideración ahora la lista del 2009. Todo ha cambiado. En los primeros tres lugares de esa clasificación hoy están tres bancos chinos (Industrial & Commercial Bank of China; China Construction Bank; Bank of China). El primer banco USA está solo en el quinto lugar (JP Morgan Chase) y solo otros dos oscilan entre el 8º y 9º lugar (Goldman Sachs y Wells Fargo). La pobre lista americana termina aquí. Gran Bretaña todavía peor, mantiene solo un lugar, el quinto, con el HSBC. En el mundo anglosajón los que van mejor son, no por casualidad, dos bancos canadienses. Canadá, en efecto, se ha dejado arrastrar mucho menos que la Gran Bretaña de Tony Blair y de Gordon Brown en la euforia bursátil de Wall Street. Por esto ha resistido. Pero aquí aparecen en la lista otros dos bancos brasileños, mientras que Europa meridional se toma su revancha, manteniendo el lugar del Santander y cediendo el 19º lugar de la lista, por primera vez, a un banco italiano, el Intesa San Paolo. Suiza se contenta de la camiseta negra con el Credit Suisse. UBS ha desaparecido de la categoría de los más grandes.
Pero esta clasificación nos proporciona mucha más información de la que contienen estas cifras, que ya de por si demuestran un impresionante desplazamiento del epicentro financiero mundial hacia Asia y otras zonas del planeta que hace solo diez años eran consideradas (y se consideran aún hoy) marginales.
Por ejemplo, si hacemos la suma de las capitalizaciones de mercado en su globalidad de los cuatro bancos chinos, se ve enseguida cláramente que es muy superior a la de los restantes 16. Si aún no se puede decir que China y su mercado sean dominantes, a escala mundial, ya podemos decir que sin ellos no se puede decidir nada.
Si observamos aún mejor vemos que la capitalización de mercado de los tres bancos USA (a los dos anteriormente mencionados se añade la JP Morgan Chase), con sus 130 mil millones de $USA, superado por el banco chino, el primero de la lista (145 mil millones $USA). El centro de la finanza mundial ahora ya se ha desplazado a Asia. Para ser más precisos a China. Los USA ya no tienen el monopolio decisivo. El consenso futuro, si lo habrá, como es de desear, ya no será washingtoniano. El Fondo Monetario Internacional es ya una antigüedad. La Industrial & Commercial Bank de China por si sola, de la que solo hace diez años nadie sabía que existía, dispone de un capital superior al del FMI (Fondo Monetario Internacional).
Tercer apunte, muy breve. ¿Puede el dólar, en estas condiciones, ser aún la moneda mundial de referencia, por si sola? Está claro que no. Wen Jabao lo ha dicho públicamente varias veces. En términos diplomáticos, pero no hubiera podido hacerlo de otra manera, se ha preguntado si los Estados Unidos están todavía en condiciones de hacer honor a sus compromisos con un dólar en estas condiciones. A nivel de cumbre mundial se está haciendo un gran esfuerzo para evitar que el pánico se extienda. Pero la cuestión está en la mesa, también porque los Estados Unidos tienen solo una opción rápida que aprovechar (la misma que Gordon Brown ya ha usado devaluando la libra esterlina): devaluar el dólar. Y de esta manera obtener un relanzamiento de sus exportaciones y una consistente disminución de su deuda extranjera. Esto podrán hacerlo los próximos meses hasta el día que Pekín soporte por verse secar el gigantesco botín de la deuda extranjera americana que ha comprado en estos años para garantizarse las exportaciones en los Estados Unidos.
Pero Washington sabe que hay un límite, un límite que la China no puede superar. Superado ese límite los dirigentes chinos pueden decidir de abandonar el dólar a su destino. Ya lo están haciendo, comprando en dólares todos los “asset” (valores materiales) que encuentran en su camino: un modo como otro para liberarse de una moneda que ya no será de todas formas la única como referencia mundial.
Cuarto apunte. Hasta ahora, lo que las cumbres del poder mundial han sabido o podido hacer ha sido introducir otra liquidez, a dosis masivas, en el sistema financiero paralizado por la insolvencia. Lo han hecho porque no tenían recetas alternativas y temían una prolongada depresión, acompañada por decenas de millones de puestos de trabajo perdidos. Lo cual está sucediendo de todos modos, aunque con un poco de freno.
Actuando así se han comportado como bomberos que echan gasolina en el fuego. La llamarada llegará con un poco de retraso, pero llegará. Pero el problema es otro: el volumen de las intervenciones de los bancos centrales (USA, China, Europa, Japón) en apoyo del sistema bancario internacional es de unos veinte trillones de dólares. No obstante se ha tratado de una serie de decisiones sin precedentes, en lo que se refiere a dimensiones y significado, el hecho es que la cantidad de derivados introducidos en el mercado financiero mundial en los últimos veinte años (equivalente a una dilatación anormal y monstruosa de la masa monetaria) hay que considerarlo en un orden de grandeza superior. Cuanto sea exáctamente esta masa de dinero, creada privadamente por los cíclopes enloquecidos de la finanza mundial (los de la lista anteriormente mencionada y muchos otros) no lo sabe nadie realmente, pero los cálculos aproximados más realistas (los de los que no han creído a los montajes que les contaban las centrales que han producido el desastre) dicen que oscila sobre los 700 trillones (700 billones de dólares). Probablemente se trata de mucho más. Significa que masas enormes de dinero, que equivalen a diez veces el Producto Interno Bruto Mundial (el PIB mundial es de alrededor de 55 trillones de dólares) son manejados por entes, grupos de individuos, que no solo están totalmente fuera del control de quien sea, pero que son al mismo tiempo completamente irresponsables, como lo ha demostrado ámpliamente.la misma explosión de la crisis.
Tendría que ser obvio (pero no lo es, visto el comportamiento actual de la política mundial) que el primer paso que habría que dar sería el de instituir formas de control. Sin embargo se está haciendo algo sin sentido y sin futuro: se intenta sanear la situación con otra liquidez, es decir, salvando los protagonistas del desastre y poniendo las bases para una dramática presión a cargo de la gente que se traduce en un aumento del gravamen fiscal y la disminución de los sistemas de defensa social, donde quiera que existan.
Esta operación no puede darse sin dolor aunque es de todas formas una gota en el mar. Si no se decide qué hacer con este enorme y salvaje Gulliver de “bite” financieros en búsqueda de la máxima ganancia al instante, que sigue moviéndose a través de todos los mercados, no se ve la salida para impedir un desastre mucho peor.
Quinto apunte y último. Se lee por todos lados que la crisis está por terminar. Unos pocos meses más y después se recomienza de cero. Dos estupideces enormes.
La primera es que la probabilidad de que esta crisis se resuelva en pocos meses, al máximo uno o dos años, es igual a cero. Y además, los que lo dicen son los mismos que han creado la crisis. Así que no hay nada de que fiarse de ellos.
La segunda es que volver a empezar de cero, como antes, será imposible de todas formas. Porque son evidentes los límites al desarrollo (energético, ambiental, del agua, del clima, etc.). Se están cumpliendo las previsiones del “Club de Roma” que aquellos que ahora no saben qué hacer escarnecieron sin piedad. Nunca había sucedido antes. Ahora está claro –o tendría que serlo- que un desarrollo indefinido en un sistema finito de recursos es una contradicción en el mero hecho de la palabra.
9 de enero 2009