BAJO IMPERIO

Di Gianni Barbacetto


El anciano sátrapa, “el utilizador final”, el hombre con el maquillaje en la cara que camina tristemente hacia el ocaso. No sabemos cuanto durará su agonía, pero sabemos que ya ha iniciado y que es irreversible. A pesar de cuánto se esfuerce en demostrarse como un hombre de Estado, quien le mira tendrá siempre en la mente las imágenes de las fiestas en el Palacio Grazioli o en Villa Certosa, la jovencita menor de edad que viene de Casoria, el harem de las prostitutas de lujo que le llaman “papi”, las maripositas de regalo para todas, el baile muy apretado con la acompañante “Alessia”, la cama grande donde ella le esperaba y donde ha pasado la noche con él.

¿Cosas privadas? ¿Cotilleo? ¿Complot internacional? Sus dependientes y sus siervos, políticos y periodistas, repiten el estribillo. Pero los hechos están ahí. Claro: el noticiario nacional de RAI 1, de Augusto Minzolini, el Tiburón que se ha convertido en anchoa, no habla de ello. Claro: Alfonso Signorini, a través de los “house organ” de familia (perdonad la palabra), como la revista “Chi” y el diario “Il Giornale”, intenta demostrarse un abuelo afectuoso, que tiene una imagen intachable. Pero los hechos resisten incluso a la poderosa propaganda de régimen.

Hay un extraño empresario de Bari, Gianpiero Tarantini, que se procura contratos para si mismo y negocios para los demás, con una intensa actividad de “lobbing” al son de sexo, droga, prostitutas y cocaína. Logra hacerse amigo del presidente del Consejo, enviándole un montón de chicas disponibles a hacer de marco a su vejez de hombre potente y solo. ¿Cosas privadas, como dicen los siervos? No, por muchos motivos, que enumeramos en orden de importancia creciente.

  1. El presidente del Consejo no es un ciudadano privado, que puede hacer en su cama lo que quiera: es un hombre público, debe de tener un estilo de vida sobrio, adecuado a su función.

  2. Debe de mostrarse también coherente con los principios que profesa: si se proclama católico y quiere los votos de los católicos, no puede contradecir con demasiada evidencia la moral católica.

  3. Tarantini es un empresario cuyo fin es realizar negocios, hacer dinero: si el presidente del Consejo acepta, como “utilizador final” las chicas que él le manda, después, como “agradecimiento” deberá dar algo en cambio. ¿Contactos? ¿Contratos? ¿Accesos? Pero este intercambio, si lo hay, tiene un nombre: corrupción.

  4. Los comportamientos sexuales de una persona son algo privado siempre y cuando no interfieran con su función pública e institucional. En el caso de “papi”, las interferencias son múltiples: ha pedido asunciones en RAI (a través de Saccá) para compensar a sus amiguitas; ha prometido candidaturas electorales y carreras políticas a chicas que le habían complacido (algunas candidaturas han sido confirmadas, otras bloqueadas solo después de las críticas de Fini (político italiano) y de la denuncia de Verónica (esposa de Berlusconi); por lo demás, también la acompañante Patrizia D’Addario, en arte “Alessia”, ha sido candidata a las elecciones de Bari en la lista “La Puglia antes que nada”; los negocios de cama se vuelven más importantes que los negocios de Estado, si es verdad que la noche del 4 de noviembre 2008 “papi” ha preferido entretenerse con las prostitutas mejor que participar, como estaba programado, a la noche electoral en la que Obama se convirtió en el presidente de los Estados Unidos.

  5. Un hombre que tiene funciones institucionales nunca se tiene que poner en condiciones de ser chantajeable. Porque irían de en medio no sus asuntos, sino los asuntos de Estado. Un hombre de Estado chantajeable es un peligro para las instituciones. Y cuánta chantajeabilidad hay en las vicisitudes de “papi”, desde las telefoneadas de la investigación Saccá (por ejemplo esas entre Evelina Manna y Elena Russo) hasta llegar a las acompañantes baresas (de Bari).

En este clima de bajo Imperio, entre una fiesta y otra, la crisis económica continúa, la desocupación aumenta, el PBI desciende. Para evitar el ridículo, ademas que el atasco en el Parlamento, la mayoría de gobierno ha aplazado a septiembre el debate sobre la nueva ley de la prostitución, que castiga también al cliente de las prostitutas (“el utilizador final”). Sigue adelante sin embargo el de las interceptaciones, con la tentación de utilizar la nueva ley-mordaza para bloquear también la investigación de Bari.

Mientras tanto las chicas involucradas en las fiestas se multiplican y se empiezan a localizar organizadores y “abejas reina”. A nivel político se ve cuales son los méritos adquiridos ante Berlusconi por una candidata al Parlamento europeo, Licia Ronzulli, muy empujada por “papi” y por el partido, hasta el punto de superar a muchos políticos más expertos y desenvueltos en la cantidad de preferencias obtenidas, ella una joven y desconocida: ha sido la organizadora de las fiestas en la Villa Certosa, la responsable de la “logística”, eficientísima en seleccionar invitados y chicas. ¿Esto es gossip o política?


25 junio 2009

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