EL TORMENTO DE UN JUSTO
EL LARGO VIAJE DE SALVATORE BORSELLINO
El pasado 16 de enero he tenido el honor de ser relator al lado de Salvatore Borsellino en la conferencia “Para no olvidar – Legalidad y cuestión moral”.
El encuentro que ha tenido lugar en la sala Nerpiti de Tolentino (MC) y que ha sido organizado por la lista cívica “Voce alla Città”, ha sido moderado por el abogado Alberto Paoloni.
Al principio, además de Salvatore Borsellino, había sido invitado como relator también el director de ANTIMAFIADuemila y que es sobretodo nuestro amigo y hermano Giorgio Bongiovanni, pero por motivos de salud no ha podido estar presente y me ha dejado a mi su lugar como relator.
Ya en el mismo momento que Giorgio me ha dicho que siente no poder participar, siento que la emoción aumenta dentro mío.
Cada vez que he estado al lado de Salvatore Borsellino he percibido la rabia y el tormento de un hombre justo que pide justicia, que pretende la verdad sobre los estragos de Via d’Amelio, que también él define “un estrago de estado”. Un “magnicidio” donde Cosa Nostra ha sido “utilizada” como brazo armado por parte de poderes “desviados” para eliminar a Paolo Borsellino.
Después del estrago de Capaci (donde habían muerto su amigo hermano Giovanni Falcone con 3 agentes de su escolta), el juez Borsellino se había seguramente convertido en un “obstáculo” en la perversa “negociación” entre mafia y Estado.
Y empiezo mi intervención precisamente hablando de la “negociación” y del apoyo a los “justos”, explicando las razones que animan ANTIMAFIADuemila.
Para demostrar que lo que digo es concreto, leo algunos párrafos de las sentencias de los estragos de Falcone, Borsellino y de los de Via dei Georgofili (27 de mayo 1993). Son actas públicas, que la Suprema Corte de Casación ha dado como definitivas.
Se trata de documentos inquietantes que se tendrían que estudiar en la escuela para dar a conocer a los estudiantes el lado oscuro de nuestro país. En estos documentos se entrevé esa zona gris que ha negociado con la mafia y que se ha hecho responsable de estragos y homicidios exclusivos a partir del 1 de mayo del 1947 con el estrago de Portella della Ginestra (11 muertos y 27 heridos).
Vuelvo a leer las palabras del fiscal nacional antimafia Piero Grasso que el pasado 29 de octubre, durante una conferencia pública, ha ratificado que “la mafia, aunque siempre haya tenido intereses suyos ha sido también portadora de intereses ajenos… en muchísimas ocasiones entidades externas han armado su mano”. Estas frases no dejan lugar a la imaginación.
La sala está completamente llena, la gente de pie en la entrada del edificio. Veo muchos hermanos míos y amigos que escuchan con mucha atención. Es emocionante.
Siento la mirada de Salvatore Borsellino sobre mi. Pienso en el significado profundo y en la gran responsabilidad de estar al lado de hombres como Salvatore, como Giorgio; pienso en aquellos que conscientes de que su muerte estaba cercana, han seguido trabajando incansablemente para llegar a la verdad. Para llegar a la justicia.
Como un gesto extremo de amor.
Termino mi intervención y paso enseguida la palabra a Salvatore que se pone de pie. Después de un instante de silencio, un río en crecida. Los terraplenes ya no existen. Habla durante más de una hora y media sin interrupción.
La voz a veces se quiebra. Pero ni siquiera esto le detiene.
Bebe un poco de agua y su grito sigue expandiéndose en la sala. Las personas presentes se sienten literalmente capturados por sus palabras. Las palabras de un hombre que exije justicia y que acusa esa parte del Estado que se ha rebajado a pactos con la mafia.
Es siempre ese hilo rojo de la “negociación” el punto central del discurso del hermano de Paolo Borsellino.
Salvatore no se ahorra palabras.
Cuenta por enésima vez su sensación de frustración cuando supo que la cuenta de la expedición del ataúd que contenía los pocos restos de Emanuela Loi, (la única mujer de la escolta de Paolo Borsellino, muerta destrozada por la bomba en Via D’Amelio con 4 colegas suyos) se había hecho pagar a la familia de ella…
Más rabia, desilusión… “Yo se que antes de morir no veré que se ha hecho justicia…” dice lentamente Salvatore; y termina casi con un suspiro haciendo alusión a la justicia Divina en la que confía…
Esta es la convinción que alimenta su inagotable determinación en buscar la verdad que emana irreprimible desde lo profundo de su Ser.
La fuerza de voluntad que le anima cada vez que toma el coche y atraviesa Italia para participar en encuentros y conferencias va más allá de su edad en el registro civil, más allá de su cansancio físico, más allá de si mismo…
La gente se pone de pie para aplaudirle. El aplauso parece no terminar nunca como si fuera un abrazo impalpable.
Muchos se acercan para darle la mano, algunos le piden organizar otros encuentros, algún joven se propone para ayudarle en su investigación.
Después la sala se vacía lentamente. Al final se queda solo nuestro grupo, Salvatore nos abraza uno a uno con una sonrisa franca y los ojos que brillan.
La próxima cita es en Palermo, con Giorgio.
Lorenzo Baldo
Sant’Elpidio a Mare (Italia)
19 de enero 2009