LA CONJURA CONTRA EL REY DOLAR
De Federico Rampini
¿Estamos cerca de la caída del dólar, hundido por las deudas americanas? ¿O hay un cordón de seguridad que puede pilotar la moneda americana hacia una bajada soft? Ha sido suficiente un artículo de The Independent para provocar la última manifestación de desconfianza hacia el dólar. El diario inglés refería voces de una cumbre secreta promovida por los países árabes productores de petróleo, para concordar con China, Rusia, Japón y Francia la sustitución de la moneda norteamericana con una “canasta de divisas” para utilizar en los intercambios mundiales de petróleo crudo. Ese artículo ha recibido una desmentida curiosa: Arabia Saudita y Kuwait se han apresurado a asegurar que no había nada de cierto, pero todos los demás se han quedado en silencio. Sorprende también el hecho de que en la “presunta cumbre” estuviese Francia. Que no es ni un país productor de petróleo como los árabes y Rusia, ni un país con inmensos activos comerciales invertidos en dólares como China y Japón.
En compensación Francia tiene una antigua aversión hacia la supremacía del dólar. Remonta a los tiempos del presidente Charles De Gaulle y de su consejero económico Jacques Rueff. En plena guerra de Vietnam, París lanzó una ofensiva reprochando a América de aprovecharse de su “derecho de señorío”. Gracias al rol del dólar como medio de pago universal, argumentaban en ese entonces De Gaulle y Rueff, que Estados Unidos financia sus guerras imprimiendo billetes que valen siempre menos, por lo tanto exportando inflación al el resto del mundo.
Un escenario con analogías inquietantes con el actual. La única diferencia: no son solo las “malos gastos públicos” (las guerras en Irak y en Afganistán) las que empujan hacia abajo la moneda americana, sino también los gastos virtuales, como la maxi maniobra anti-recesión.
El último ciclo de debilitamiento del dólar, no por casualidad, empezó poco después de la aprobación por parte del Congreso de Washington del “stimulus package”, la maniobra de gasto público de 787 mil millones de dólares. Desde marzo hasta hoy el dólar ha perdido el 15% respecto al euro.
En el momento crucial de la crisis financiera la divisa americana había encontrado brevemente el rol de depósito de garantía. El pánico arrastraba todos los mercados desde Europa a Asia. En la incertidumbre extrema, los inversionistas volvían a descubrir la única virtud del dólar: su “liquidez”, el hecho de ser la llave de acceso en el mercado más vasto del planeta. Pasado el miedo, la liquidez ya no es la virtud reina para los inversionistas.
Desde hace tiempo se multiplican las iniciativas para redimensionar el rol del dólar en el comercio mundial y en las reservas oficiales de los bancos centrales. Los más constantes en su presión han sido en los últimos meses los dirigentes chinos. En varias ocasiones, desde el G20 de Londres, hasta la cumbre del G8 del Águila en Julio, han llamado la atención sobre los peligros ínsitos en el rol global del dólar. Su supremacía histórica, advierten los chinos, es letal si se combinan con políticas de balance irresponsables: Estados Unidos exporta sus deudas y en el futuro volverá a exportar inflación, imprimiendo dinero en billetes.
Los dirigentes de Pekin ya han puesto en función una coalición significativa: todo el club de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) en la cumbre de junio en Yekaterinburg ha asumido como suya la posición de la República Popular. La superación de la centralidad del dólar se ha traducido después en gestos concretos: numerosos acuerdos bilaterales entre China y los países de América latina prevén el uso del renminbi para regular el comercio bilateral. Los chinos no juegan a demoler, es más, tienen interés en pilotar este proceso con cautela, para impedir una devaluación brutal del dólar que devaluaría sus inversiones en América y sus reservas de Treasury Bonds.
En Washington una debilitación del dólar gradual, pero constante es un horizonte que no se desprecia: permite a EEUU pagar sus deudas extranjeras en una moneda que vale cada vez menos; consolidaría el restablecimiento de las exportaciones USA que serían más competitivas. De todas formas, también el gobierno americano debe estar atento en no jugar con fuego. Si la bajada del dólar, en vez de ser gradual, se transforma en un desprendimiento incontrolable, financiar el déficit federal será arduo porque los inversores extranjeros desertarán las astas de los Treasure Bonds. Por lo cual el horizonte más esperanzador llama en causa el G2: un tácito acuerdo en base al eje Washington-Pekín para gobernar la devaluación inevitable del dólar evitando que se escape de las manos. Al margen de los cálculos y de las decisiones de los gobiernos, el economista indio Swaminathan Aiyar (que trabaja en el Cato Institute de Washington) ve el abandono del dólar como la inevitable consecuencia de tendencias estructurales de largo plazo; el aumento del peso de Asia dará un rol mayor a las monedas de ese continente. Según el histórico de la economía Paul Kennedy no puede durar la situación actual en la que una sola nación, los Estados Unidos “poseen apenas el 5% de la población mundial, el 20% del PIB mundial, pero representan el 50% de los gastos militares del planeta e imprimen títulos de la deuda pública que llenan el 65% de las reservas de divisa mundiales”. Según el financiero Liaquat Ahamed, “ USA actúa como un gigantesco banco de negocios que recoge depósitos a breve plazo de países en activo y los invierte en arriesgados préstamos a largo plazo... a sí mismo”. En el 1996 estaba expuesta con el resto del mundo por un valor equivalente a 5 billones de dólares, hoy llega a 20 billones. “Como cualquier banco que es demasiado expuesto” comenta Ahamed, “USA puede sufrir una crisis de desconfianza que termina con el asalto a sus ventanillas”.
Por una interesante coincidencia, el día en el que salió a la luz la “exclusiva desmentida” del Independent, el martes 6 de octubre, el banco central de Australia ha varado un realce de los tipos de interés. El segundo banco central (después del de Israel) que ha encarecido el coste del dinero desde el inicio de la crisis del 2007/2008. Una señal premonitoria de la próxima fase: cuando en el horizonte sea más visible la amenaza de la inflación, alimentada por los déficit públicos y por las macizas inyecciones de liquidez efectuadas por los gobiernos y por los bancos centrales para reanimar al sector bancario.
El premio Nobel de la Economía Joseph Stiglitz recuerda que con una deuda pública americana destinada a aumentar más de 9 billones antes de una década, “el efecto dominó es automático: los altos déficit encienden los miedos de los mercados sobre la inflación que llegará; los temores inflacionistas debilitan el dólar; inflación más devaluación incidían el rol de la moneda americana como depósito de valor”.
El sistema monetario internacional en el que vivimos, aún hoy fundado sobre la centralidad del dólar, no es solo nocivo para el resto del mundo, sino también para los Estados Unidos. “En efecto –dice Stiglitz- mientras los demás países detienen cada vez más cantidad de dólares; nosotros exportamos Bonos del Tesoro mejor que automóviles y exportar títulos de deuda no crea puestos de trabajo”.
La contrapartida simétrica del excesivo endeudamiento americano es que hay naciones que acumulan sobras comerciales cada vez más sin medida, China en la cabeza. Tampoco esto es positivo, porque la acumulación de esos activos es una forma de ahorro prudente que reduce las necesidades globales, es decir, que substrae recursos al crecimiento. Y no es sostenible a largo plazo un equilibrio fundado sobre los capitales que los países que están emergiendo prestan a la nación más rica del mundo: no había sucedido nunca en el pasado.
Las voces que hablan de “conjuras” que vienen del Golfo Pérsico, las presiones de China a la luz del sol, los acuerdos entre BRIC: son todos episodios que indican una necesidad; señales premonitorias de un recorrido inevitable. Lo cual llevará a que el dólar descienda de su pedestal. ¿Por el bien de todos? El final feliz no está asegurado.
Basta preguntarlo a nuestros industriales. El euro a 1,47 con el dólar ya es una buena sangría de competitividad. Imaginar si esto pudiera ser el punto de partida para ulteriores desvaluaciones americanas.
La Repubblica, 12 de octubre 2009