“¡PAOLO VIVE!”
Está aún indeleble el grito de las más de setecientas personas que el 18 y 19 de julio han gritado en Via de Amelio y en la conferencia “Los ideólogos impunes” que ha tenido lugar en la facultad de Jurisprudencia de Palermo. “¡Paolo Vive!”. Es el grito de las agendas rojas alzadas hacia el cielo, casi para llegar hasta el magistrado palermitano. Un ser que nos observa desde el cielo junto a esos ángeles, los jóvenes de su escolta, que han sacrificado su propia vida para protegerlo. Los días vividos en Palermo han sido importantes.
Se siente fuerte la sensación de vivir otra aceleración de los eventos. Las noticias que continúan, las nuevas investigaciones que se están abriendo sobre esos atentados sobre los que se ha fundado la Segunda República de nuestro país. Sed de Justicia, la esperanza de que se puedan aclarar los misterios que se celan detrás de las muertes de Falcone y de Borsellino, hermano de Paolo. Un día sabremos. Esta es la esperanza más grande. ¡Es tiempo de luchar, de Resistir! Salvatore Borsellino, hermano de Paolo, lo grita por toda Italia desde hace años. Es también gracias a él, por no decir sobretodo, si hoy se respira un aire nuevo.
Han pasado más de diez días desde esos días candentes de Palermo y de la lucha de Salvatore, lo mismo que la de Giorgio, vivida en toda la intensidad.
Ayer por la noche en Chiaravalle, una localidad de la región de Le Marche en provincia de Ancona, una parte de nuestra Redacción se ha unido a Salvatore que había sido invitado por un grupo de jóvenes.
Un encuentro al que han participado 300 personas.
Escuchar a Salvatore es como recibir una descarga de adrenalina en el cuerpo. Son tantas las emociones que se pueden percibir de sus palabras. Rabia hacia un Estado indigno y cómplice de la muerte del hermano. ¡Culpable de haberse rebajado a pactos con la Mafia, de haber aceptado esa tratativa a la que el juez Borsellino había dicho no!
No se echa atrás Salvatore cuando se deben decir nombres y apellidos o cuando hay que denunciar lo que no va en nuestro país. Presenta un escenario dramático y real al mismo tiempo y lo que se puede hacer es solo Resistir y hacer de manera que emerja la Verdad. Esta es la única forma para no terminar acostumbrándose a ese mal olor del compromiso político, de las comisiones y de la indiferencia.
Un mensaje que aparece claro y que Salvatore ha ratificado con fuerza.
Desde la primera vez que he tenido la posibilidad de escuchar sus palabras siempre he tenido la sensación de que Paolo guiase su voz. Es él quien le acompaña. Quien le da fuerza y esperanza. Lo ha demostrado también ayer. Todo ha sido en un instante. Mientras Salvatore hablaba y admitía que se sentía de nuevo desmoralizado por las indecencias y las fechorías que martirizan a nuestro país, se ha caído un cuadro de una exposición artística realizada para esa ocasión. No se ha caído un cuadro cualquiera, que alguien quizás sin querer había tocado, sino el de la imagen de Paolo Borsellino. “¡Paolo Vive!”, estaba ahí. Esta ha sido la primera sensación casi para asegurarnos y avisarnos de que la batalla no se ha terminado. Pocos minutos después, Salvatore, sobrecogido en el silencio surreal de la platea, hablaba de los instantes sucesivos al atentado de via d’Amelio. Edificios destrozados, cuerpos mutilados o a pedazos. Conmoción, emoción cuando ha contado la historia de Emanuela Loi, la única chica de la escolta de Paolo, que ese día no hubiera tenido ni siquiera que estar allí. Y precísamente en ese momento, mientras hablaba de este “ángel protector”, en el cielo se ha visto pasar una estrella fugaz. Un escalofrío me ha pasado por la espalda. Pero las emociones no se habían terminado. Al terminar la conferencia, cuando se pasaba a las preguntas del público, un joven ha tomado el micrófono y al hacer la pregunta a Salvatore ha dicho: “Mientras le miro me pasa por la mente una escena un poco apocalíptica... me recordaba un poco a Juan el Evangelista y el fin del mundo...” Quizás esta es la verdad. Se nos tiene que encontrar con las manos bien firmes en el arado. El tiempo de las medias medidas se acabó y es hora de elegir. Lo testimonia Salvatore. Lo testimonia continuamente Giorgio. Seguir adelante, con humildad y pasión al fin de que una nueva luz pueda finálmente volver a la Tierra. Una nueva esperanza ratificada, una vez más, con las agendas rojas alzadas al cielo por el público que estaba presente, todos de pie para aplaudir el testimonio de Borsellino. Y Salvatore se ha unido a ellos bajando del palco para tomar una agenda roja y levantar la mano. La Agenda Roja, un verdadero símbolo de resistencia y de petición de Verdad y Justicia.
Aaron Pettinari
31 de julio 2009