DE MAGISTRIS: UNA NUEVA CULTURA PARA UNA NUEVA RESISTENCIA DEMOCRATICA


Conciencia y cultura como antídoto al “berlusconismo”. Y como alternativa al peligroso sistema autoritario y neoliberal que gobierna nuestro país y en el cual se incluyen de forma orgánica una serie de factores indisolúblemente ligados entre ellos. En la óptica de una nueva gestión del poder perfectamente adherente –aparte de alguna oportuna “mejoría”- al modelo peduista de Licio Gelli.

Luigi de Magistris, magistrado en expectativa y candidato a las próximas elecciones Europeas con el partido “Italia de los Valores”, ha hablado de ésto ayer en Ancona, en una sala extra llena del central Hotel City. Invitado de la sede local del IDV y del candidato alcalde Fiorello Gramillano, ha propuesto una propia y verdadera revolución cultural y moral –“un terreno en el que ha resbalado también la centroizquierda”- que debe ser la base de una nueva resistencia democrática y de una renovada democracia participativa.

El ex magistrado de Catanzaro ha explicado que es fundamental contraponerse a la “corrupción sistemática” y absolutamente transversal, que caracteriza nuestro país, en el que se delinean cada vez con más claridad los perfiles de una estrategia precisa en los que cabe incluir los violentos y continuos ataques a la independencia y a la autonomía de la magistratura, el periodismo reducido a propaganda de poder, los designios de ley que tienen como fin obstaculizar la circulación de las informaciones por internet, las nuevas técnicas de neutralización de los servidores del Estado o la desviación xenófoba típica de los regímenes. La cual usa la violencia muy a menudo contra hombres, mujeres y niños inermes con leyes que recuerdan al nazifascismo, sin preocuparse de resolver a la base la causa del problema de los flujos migratorios.

“No es una casualidad –ha explicado de Magistris- que en el Parlamento se cierna una ley que quiere impedir a un magistrado de buscarse por propia iniciativa las informaciones de delito (norma introducida en el código penal del 1989 por voluntad de Giovanni Falcone), obligándole a indagar solo sobre delitos señalados por la Policía Judicial.

Cuando la verdad es que, por una parte, la historia judicial italiana enseña que las más importantes investigaciones, sobretodo las que han tocado las desviaciones del poder, la mafia, los poderes ocultos, los atentados, etc – han tenido origen siempre de la institución y del trabajo del “pool” de magistrados. Y, por la otra, que dicha reforma no podrá hacer nada más que bloquear las investigaciones referidas a corrupciones de la fiscalía, asuntos ilegales o estafas a la Unión Europea desde el momento que la Policía, los Carabinieros y la Guardia de Finanza dependen respectivamente del Ministerio del Interior, de la Defensa y de la Economía. Los cuales, por lógica, serán reacios a pedir que se investigue en esta dirección”.

Lo mismo vale por las tentativas de someter a la magistratura al control de la política o por la propuesta de ley que impide a los periodistas que publiquen lo hechos hasta cuando no haya una sentencia de primer grado. Todos los movimientos que amenazan pesadamente la Constitución Republicana en algunos de sus principios fundamentales: la ley igual para todos, la libertad de prensa y la libre manifestación del pensamiento. “Acciones muy peligrosas”, ha subrayado de Magistris, que llevan al “vaciado de la Constitución a través de la legislación ordinaria”. A las cuales cabe incluir las “leyes ad personam”, las denigraciones, delegitimaciones y “técnicas de traslado que, al menos en un caso, en Calabria, han involucrado incluso a un sacerdote (Mons. Bregantini), el cual, entre otras cosas, denunciaba la criminalidad organizada y la masonería desviada”.

Hoy ya no se dispara, se usan técnicas más refinadas.

Y entonces hay que poner inevitablemente el punto interrogativo en la real naturaleza del crimen organizado, “penetrado en el sistema político-institucional y económico-financiero hasta el punto de no necesitar ya más agredir militarmente a los servidores del Estado”. Así como sucedió en el ’92 y en el ’93 “cuando fuimos testigos de la estrategia de la tensión militar con un elevado impacto de estrago”.

Trazando un hilo entre esos estragos y el nacimiento de la así llamada Segunda República, de Magistris ha evidenciado los elementos de continuidad, analizando los motivos por los que la mafia utilizó en ese entonces una “estrategia político-criminal” y deteniéndose en la presunta tratativa entre mafia y elementos de las instituciones acerca de la cual está en curso un delicado proceso en Palermo. Y precisamente en mérito a algunos de esos elementos de continuidad ha mencionado las declaraciones del coronel Riccio sobre las confesiones de Luigi Ilardo (asesinado antes de empezar su relación de colaboración con la justicia), el cual pronunció el nombre de Dolcino Favi, el magistrado que avocó la investigación “Why Not”; al doctor Genchi y a su función de asesor tanto en sus investigaciones como en las de Capaci y Via D’Amelio; a la función de los servicios secretos en los atentados; a las dudas inquietantes que pesan sobre el entonces ministro del Interior Nicola Mancino, actualmente vicepresidente del CSM (Consejo Superior de la Magistratura) y acerca de los cuales pide que se eche luz Salvatore Borsellino, hermano del juez asesinado en 1992. “Nosotros –promete el candidato de la IDV (Italia de los Valores)- llevaremos su voz a Europa. Y Europa nos tendrá que ayudar visto que en Italia tenemos políticos involucrados con la mafia”.

Antes de terminar, se toca el tema de la seguridad, que se ha resumido en “dos operaciones de pura y obstinada propaganda: los militares y las rondas”. Donde lo más grave, en el contexto del ya mencionado designio peduista “es que llegará a parecernos normal tener a los militares por las calles”, mientras que las rondas evocan al fascismo y a los paramilitares colombianos, que de hecho, “se llamaban rondas”. Pero este sistema no es invencible. Todo lo contrario, sigue diciendo De Magistris, haciendo apelación al creciente sentido democrático del cual el poder constituido tiene un miedo enorme.

“Este es un proyecto político que va a golpear al corazón este sistema que está corroyendo nuestro país y estoy convencido de que si cada uno de nosotros da su propio aporte a esta resistencia constitucional se hará pedazos mucho antes de lo que podamos imaginar”.


Monica Centofante

3 de junio 2009