Conferencia de Giulietto Chiesa y Claudio Fava en Fermo el 11 de enero 2008.
La sala está llena y la platea atenta.
Un aplauso fragoroso y espontáneo interrumpe, de vez en cuando, la voz de dos relatores de excepción invitados por el partido “Izquierda Democrática” de Fermo, una ciudad cerca de Sant’Elpidio a Mare, donde tiene la sede nuestra Arca, para hablar de un tema crudo: las cárceles secretas de la CIA en Europa. El resultado de una intensa actividad de investigación a cargo de una comisión extraordinaria del Parlamento Europeo que es también el paradigma del poder violento que los Estados Unidos de América, en carrera por el dominio del mundo, ejercen sobre nuestro territorio. Claudio Fava y Giulietto Chiesa, ambos periodistas y europarlamentarios, y los dos miembros de la Comisión – el primero en calidad de relator -, han expresado con una lúcida claridad los datos recogidos en el curso de su larga investigación. Datos que están recopilados en dos libros-denuncia: “Quei bravi ragazzi” (Esos buenos chicos), de Claudio Fava y “Le carceri segrete della Cia in Europa” (Las cárceles secretas de la Cía en Europa), de Giulietto Chiesa.
Un viaje inquietante en el mundo sumergido de lugares desconocidos donde las torturas de una brutalidad inaudita anulan cualquier forma de derecho humano en despecho de leyes y convenciones internacionales.
“Hemos descubierto que han hervido vivo a un prisionero”, cuenta el diputado Fava. Y no se refiere a las barbaras ejecuciones de los países que pertenecen al llamado “Eje del Mal”, sino a las prácticas de tortura de la muy civil “democracia occidental por excelencia”. Quien secuestra y después juzga a sus propios prisioneros –y no en raras excepciones les condena a muerte – sin concederles el derecho de un proceso justo, base fundamental de cualquier democracia.
Habla después el hijo de Giuseppe Fava, quién fue asesinado por Cosa Nostra el 5 de enero del 1984 debido al valor que demostraba en sus denuncias periodísticas contra la criminalidad organizada. “Lo que sucedió el 11 de septiembre en un solo día, en Italia se ha desarrollado en treinta años de historia. Miles de muertos asesinados por la mafia que, en un cierto sentido, son aún más difíciles de metabolizar. Pero, a pesar de esto, a ninguno de nosotros nos ha pasado por la mente ajusticiar a estos asesinos sin concederles un proceso. Ni mucho menos hacerles torturar porque los derechos humanos deben ser garantizados siempre y a cualquier persona. Por esta razón no podemos aceptar que se cierren los ojos ante las violencias que sufren muchos seres humanos”.
Esto es lo que ha sucedido en muchas partes del mundo –explica Fava a mas o menos 250 personas presentes, entre ellos una buena parte de los hermanos del arca junto a Giorgio y Sonia Alea – es lo que ha sucedido en Italia en ocasión del secuestro del Imam Abu Omar por manos de la Cia con la completa condescendencia de los servicios secretos italianos.
Omar ha sido secuestrado en nuestro país por hombres de la Central Intelligence Agency, sin intención de concederle un proceso y que han intentado sacarle informaciones con métodos “no muy ortodoxos.
Sobre el motivo por el cual ni el gobierno Berlusconi, ni el gobierno Prodi han dado un paso para aclarar lo que realmente sucedió, interviene, pocos minutos después, Giulietto Chiesa. Y la respuesta a esta pregunta es tan simple como dramática: “Porque nosotros somos súbditos del Imperio, solo que no lo sabemos porque no nos lo han dicho”.
La voz es firme, autoritaria y la expresión seria y concentrada ha sustituido la expresión dulce y jovial que solo unos minutos antes había saludado a Giorgio con una sonrisa. Se han abrazado, después de mucho tiempo, en la entrada de la elegante sala que hacía más de veinte años fue sede de una conferencia de Papá Eugenio. Y se han intercambiado una mirada de comprensión, como sucede a menudo entre dos espíritus que se reconocen porque les unen los mismos ideales. Una unión profunda de la que nos han llegado en decenas de ocasiones señales inequívocas: como la perfecta sintonía de pensamientos que en más de una ocasión se ha traducido en palabras pronunciadas de la misma forma, como si fueran el fruto de una única, idéntica conciencia.
Pienso en ello mientras las palabras de Giulietto cortan como filos el silencio casi irreal de la sala. Las miradas fijas sobre él parecen estar desconcertadas ante ese lenguaje directo, poco usual para la política a la que estamos acostumbrados. Porque no se esconde detrás de hipócritas diplomacias o falsas respetabilidades, sino que llama a cada cosa simplemente con su nombre, citando nombres y apellidos, citando fechas, hechos, circunstancias.
“El 11 de septiembre nos ha transformado en súbditos”. Después explica: “Inmediatamente después del atentado el gobierno americano convocó a la Otan para que Europa interviniera en fe del artículo 5 que prevé que en caso de ataque en el propio territorio cualquier país miembro de la alianza tiene derecho a solicitar la intervención militar de los demás aliados. Pero los pasos a dar han sido muchos y todos muy articulados”. El dato más importante deja sin palabras: las pruebas de la involucración de Osama Bin Laden en el atentado no existen. Y la confirmación de esta afirmación está en la página web del FBI, donde el terrorista más famoso del mundo resulta ser buscado solo por haber hecho saltar en el aire dos embajadas americanas en Africa en el 1998. Ni siquiera una palabra sobre el 11 de septiembre.
En sustancia, sigue diciendo Giulietto, la guerra contra el Afghanistán primero y contra el Irak después, han sido desencadenadas sobre la base de una gran mentira. Y cientos de miles de personas han muerto, de manera atroz, sin ningún motivo, sobretodo en Irak, donde ha sido comprobado que no existían armas de destrucción de masa.
Las cifras de las víctimas son espantosas: 600 mil iraquíes y 170 mil (según estadísticas oficiales de las Naciones Unidas), afganas, más que nada civiles, sigue diciendo Giulietto que ahora se dirige a la platea gritando literalmente: “Nosotros somos responsables del asesinato en masa de casi un
millón de personas, que nos ha sido impuesto con una mentira, por un Imperio al que hemos agachado la cabeza”.
Al día siguiente, en el arca, nos intercambiamos una serie de consideraciones y de sensaciones sobre la profundidad de esas palabras y sobre la fuerza con la que habían sido pronunciadas. Comentamos entre nosotros que no es para nada difícil intuir el motivo del porque el film “Zero” (Cero) que en alrededor de dos horas sintetiza seis años de investigaciones periodísticas que él ha realizado sobre este tema, no haya encontrado todavía quien lo distribuya. Y esto a pesar del óptimo éxito de público obtenido durante su presentación en la “Fiesta del Cine en Roma”, el 23 de octubre pasado.
Y es el motivo por el cual la Redacción de Antimafia, que desde hace un año colabora activamente con la asociación Megachip de Giulietto, está contribuyendo a su difusión en el territorio italiano, con la esperanza de que cada vez más personas puedan conocer la verdad sobre este gran engaño. Porque solo el conocimiento de la verdad podrá darnos una “perspectiva de salvación a nosotros y a nuestros hijos”.
Giulietto lo repite continuamente durante el debate, mientras responde a muchas preguntas por parte del público, casi todas dirigidas a él.
“Nosotros, queridos amigos, no sabemos nada. Millones de personas no saben nada de lo que está sucediendo y no me refiero solo al 11 de septiembre”.
Se refiere en particular a la grave crisis ambiental en la que yace nuestro planeta. Un tema que para Giulietto es un constante objeto de estudio, dado que, entre otras cosas, es miembro de una “Comisión extraordinaria de investigación del Parlamento Europeo sobre el cambio climático”.
“¿Cuantos están en conocimiento de que en la reciente conferencia de Bali se ha hablado de la necesidad de mantener el sobrecalentamiento del planeta dentro del límite de 2 grados centígrados para evitar catástrofes inmanentes?”
¿Cuantos de vosotros sabéis que el petroleo, el agua y muchos otros recursos primarios se están acabando? ¿Y por lo tanto ya no serán suficientes para todos?” La catástrofe está llegando y yo os lo preveo solamente. La catástrofe se traduce en un concepto muy sencillo: que nosotros tendremos que cambiar el modo de vida. Todos. Porque el capitalismo contemporáneo ha llegado a la estación final.
Termina diciendo: “Si sigue así pondría simplemente fin a la existencia humana, pero esto no nos lo dicen porque nuestro sistema de información esconde las informaciones para no arriesgar de arruinar el mercado”.
Nos miramos. Es evidente el paralelismo con muchos mensajes de Giorgio, que al día siguiente nos dice que en ese momento se ha sentido “un poco menos solo”.
La conferencia termina después de dos horas y media.
Antes de dejar la sala nos acercamos a Giulietto para darle las gracias, saludarle y ponernos de acuerdo sobre algunas tareas que estamos planificando juntos.
Fijamos la fecha de la próxima reunión con él en Roma, a la que participará la Redacción Antimafia con Giorgio y estamos seguros de que se consolidará aún más esta preciosa colaboración.
Monica Centofante
Redacción AntimafiaDuemila
Sant’Elpidio a Mare, 14 de enero 2008.