EL CRISTO LLAMA


Miércoles 22 de septiembre, me dirijo a las oficinas de la provincia de Pordenone para presentar la solicitud de la sala para la próxima conferencia de Giorgio. Eran las 10:15 horas.

Salgo de allí y me encamino para volver a casa, paso delante de la Iglesia de San Giorgio y sigo andando.

Pero una sensación me hace volver a la Iglesia.

Entro, la iglesia está muy poco iluminada, jamás había entrado en ese lugar sagrado, no comprendo porqué me encontraba allí.

No veo ninguna estatua de la Virgen, es la que busco siempre para encender una vela. La iglesia estaba vacía.

Entonces me dirijo a donde están las velas encendidas. Y pienso “allí seguramente estará la Madre Celeste”.

Paso adelante de una vitrina y en su interior veo la estatua de Jesús en la cruz, es una representación de la muerte de Jesús muy dolorido, las tres mujeres a sus pies, la Madre está en el suelo destruida por el dolor, Juan que lo observa con su mirada consoladora.

Rezo un Padre Nuestro, enciendo una vela y voy hasta donde se encuentra la estatua de la Madre Celeste. Ahí me detengo a rezar.

Estoy por salir pero cuando paso frente a la capilla con el Crucifijo, no logro seguir de largo, debo entrar. Me arrodillo y rezo.

“Maestro ¿porqué me quieres aquí? Yo soy un pecador, te he puesto en la cruz, perdóname, estoy a tu disposición, haz de mí lo que quieras, pero ayúdanos y ayuda a Giorgio, que sea hecha tu voluntad”.

Sigo mirando Su rostro dolorido. En determinado momento tengo un sobresalto.

Jesús mueve los labios, no puedo creerlo, me quito las gafas, me limpio los ojos y vuelvo a mirar.

Repito las mismas súplicas como un robot. La boca se movía pero no hablaba.

Me quito nuevamente las gafas, me limpio nuevamente los ojos, miro Su rostro y sigo viendo lo mismo, la boca de Jesús se mueve.

Repetí esta operación varias veces.

En ese momento siento una emoción increíble, temor, casi deseos de escapar, pero no lo logro, me quedo arrodillado a sus pies. Repito “Soy un pecador, perdóname Maestro, ayuda a Giorgio te lo ruego, yo no soy digno”. Estaba conmovido por la emoción de lo que veía.

De improviso escucho algunas personas que hablan fuerte, me sacudo de esa sensación. Digo “Gracias Maestro” y salgo de la Iglesia.

Eran las 11:00 horas. El tiempo había volado, me sorprendo del horario, ya que la sede de la provincia no dista más de 5 minutos.

Al volver a casa, incrédulo lo llamo a Giorgio. Poco antes Giorgio había sangrado de los estigmas y con voz aún débil me confirma,”Es todo cierto, esta noche te explicaré”.

Cuando mi compañera Carla llega a casa, me ve todavía conmovido, la abrazo y le cuento todo lo sucedido, ella también queda profundamente sorprendida.

A lo largo de todo el día seguí viendo esa boca y repitiendo “Sea hecha tu voluntad”.

Todavía no lo creo... El Cristo llama...


Domenico

25 de septiembre de 2010