28 DE FEBRERO 2010 – UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE


El domingo 28 de febrero voy a ver al querido amigo Antonio Caldarelli, quien ha venido a vernos aquí a Sant’Elpidio por primera vez después del dolor de la pérdida de Lores, su amada esposa.

Es huésped en casa de Giorgio Bongiovanni, por lo que voy a casa de Giorgio para verle. Tenemos plan de ir a comer juntos a un restaurante de Sant’Elpidio a Mare. Es también una ocasión para celebrar el cumpleaños del papá de Mara, Gennarino, que había cumplido los años el día anterior. Somos 15 personas: Giorgio, Sonia, Sonia Tabita, Mara, Aaron, Lorella, Giovanni, Miriam, Elisabetta, Romeo, Davide, Bianca, Gennarino y yo, Pier Giorgio. Me siento cerca de Giorgio y, cuando estábamos terminando de comer, le hago una pregunta sobre Jesús. Giorgio toma inspiración para decir que la condena del Maestro provocó una situación muy crítica también en los cielos. Que la decisión de Jesús de sacrificarse por nuestro rescate sorprendió también a muchos Angeles, manifestando un aspecto Suyo y del Padre que era desconocido. Un acto tan grande y sublime que dejó también a las esferas celestes sorprendidas por la grandeza de una manifestación como esa de Amor incondicional. Y eso también ante la cobardía y la traición de los hombres. Mientras habla de la grandeza del corazón de Jesús, de la sublime pureza de su ser, el único ser en este mundo en cuyos ojos haya sido posible ver jamás la directa expresión del Padre divino, aumenta en Giorgio una emoción tan fuerte que no logra retener las lágrimas. La voz se quiebra y se queda en silencio intentando controlar el llanto y la desesperación que embargan su corazón. Intenta hablar varias veces pero no lo consigue, las lágrimas son incontenibles... Se siente y traspasa nuestros corazones el sufrimiento del Bautista que se desespera y que se siente impotente ante el injusto martirio de su infinitamente amado Maestro. En ese momento Giorgio nos repite varias veces que Jesús debe ser el máximo punto de referencia de su vida y de la nuestra... con las lágrimas en los ojos nos dice: “¡Apoyad vuestra cabeza en Su pecho y no temais más nada!... Solo El debe estar en vuestra vida, El debe ser vuestro único punto de referencia, ¡El no os abandonará nunca, nunca...!”

Toda la mesa queda impregnada por esta fortísima emoción y terminamos de comer bastante impactados interiormente. Después de despedirnos de Antonio, que emprende el camino de vuelta a casa, volvemos a nuestras casas dándonos cita para las 17:30 para ir juntos al cine, voy en el coche con Giorgio y, con un par de bromas, intentamos distender la fuerte emoción de antes. A la hora establecida estoy de nuevo en casa de Giorgio, me dicen que está en su habitación. Mientras tanto llega Dora que tenía que venir al cine con nosotros. Unos instantes después me llaman para que vaya a la habitación de Giorgio, Lorella me dice en voz baja que no se siente bien. Un momento de desconcierto y me pregunto: “¿Cómo que no se siente bien?”, nos hemos dejado bromeando hace menos de una hora... entro en la habitación con este pensamiento y al desconcierto se le añade un escalofrío helado: veo a Giorgio tendido en la cama, la cara muy pálida, los ojos muy abiertos, los párpados no se mueven y el respiro es extremadamente débil... Sonia y Mara hacen lo posible para ayudarle, enseguida pienso en un malestar por algo que ha comido antes. Pregunto si no es mejor llamar a un médico y, mientras tanto, me acerco y le tomo el pulso. Lo toco y está frío, casi no se siente el latido, esto me turba aún más. De improviso, después de un larguísimo y profundo respiro emite un fuerte lamento de dolor y empieza a hablar en un idioma desconocido. Distingo varias palabras y me doy cuenta de que se trata del Arameo. Entre otras frases incomprensibles, repite insistentemente: “Abbà, Adonay, Abbà, Adonay, Abbà, Adonay...” me pregunto si está delirando… Sonia y Lorella están preparando el aparato para medir la glicemia. No es para nada fácil tampoco sacarle una gota de sangre... al final lo logran pero con mucha dificultad. El resultado del aparato es: todo normal, el nivel de glicemia es perfecto. A ese punto, habiendo vivido con Giorgio otras experiencias a nivel místico, comprendo que estamos delante de una nueva manifestación transcedental.

Un río de palabras sigue saliendo de su boca, los párpados no se mueven, la mirada no es la de Giorgio, es la de un hombre que se encuentra de frente a un grupo grande de personas, a una asamblea. La voz es firme, fuerte, severa y con autoridad: la de un maestro potente. Se percibe indignación, angustia y la desesperación de quien está viendo que se está cumpliendo una injusticia sin poder hacer nada para detenerla. Distingo las palabras Satanás, Baelzabub, Yheoshua (Gesú) Moises (Mose)… Tengo la impresión de que esté hablando con alguien que intenta defender a Jesús, acusando por la injusticia que se está perpetrando y citando las escrituras y los profetas. Este río de palabras se interrumpe de vez en cuando y Giorgio vuelve a tomar respiro y a lamentarse fuerte. Logro comprender otras palabras: “Elì, Magdala, Miriam, Joannes, Israel”..., que en un cierto momento son pronunciadas como un canto, una letanía... Después la voz cambia de nuevo, parece que se trate de otro personaje que habla, dice el nombre de Miriam, Magdala y Cefa (Pedro), la voz parece reñir a Pedro. Quizás el Bautista, a través de Juan el apóstol, riñe a Pedro por su traición, pero no sabemos con certeza... El nombre “Cefa” lo repite varias veces… En la voz hay aún más desesperación, angustia, ansia, rabia... Mientras tanto entra también Dora que se queda cortada ante esa escena desgarradora. Lorella llama también a Giovanni y Miriam que llegan rápidamente....

De repente Giorgio cambia completamente el tipo de voz... con un tono inmensamente dulce y calmo, pero que transmite una autoridad que no parece ser de este mundo, le habla a alguien ... los escalofríos recorren nuestro cuerpo y la emoción se hace incontenible: “Pilatus... Pilatus”... nos estremecemos todos porque el que habla es el Maestro que se dirige a Pilatos, en el idioma latino. Revivimos ese momento como si estuviésemos allí presentes en ese trágico proceso. Vemos al Maestro con su túnica blanca, ensangrentada por las heridas de los pesados latigazos que había soportado hasta ese momento... le vemos de pié, delante de ese hombre que le interroga y que en su corazón quisiera evitarle esa condena pero que al final se lavará las manos de “ese apuro”. “Pilatos... Pilatos... dime... ¿no hay quizás un poder por encima de ti?... Pilatos.... Pilatos... si solo yo lo quisiera, legiones de Angeles me liberarían… el poder de Dios es superior que el tuyo”... “Las frases pronunciadas en latín que logramos entender perfectamente son éstas: La presencia de Dora, además, que conoce bien el latín dado que es profesora de Letras Clásicas con orientación filológica linguística, resulta ser más que valiosa en ese momento. En un segundo momento ella misma nos confirma que le ha llamado profundamente la atención la perfección y la fluidez de la composición de las frases y de la pronunciación, fluida y segura como solo lo puede ser la de quien habla correctamente el latín como lengua madre. Dejo a sus palabras la precisa y personal sensación en ese momento: “Entro en la habitación y me quedo de repente fascinada y arrebatada al mismo tiempo, por esas frases pronunciadas en esa antigua lengua latina que tanto he estudiado con pasión. La pronunciación era perfecta, así como la sintaxis. El tono era real, noble, calmo… una compostura, una fluidez en la expresión que deja sin aliento… Es como si de repente se hubiese creado un paso espacio-temporal y fuesemos catapultados 2000 años atrás en el tiempo... Había una vibración muy particular e intensa...”

La escena cambia de nuevo: Giorgio respira fuerte, un respiro denso de sufrimiento, jadea, escuchamos que dice: “Abbà, Adonay, libera...” y después, con un hilo de voz: “agua... agua... agua... agua...”. Sonia le levanta la cabeza y le posa sobre los labios un vaso de agua. Giorgio bebe algún trago, después llora y repite aún: “Adonay pietas, Adonay, Adonay pietas... Adonay Adonay, abbà, abbà, abbà, abbà...” habla en otro idioma, parece de nuevo Arameo. Pronuncia de nuevo el nombre de Yheoshua” y varias veces el nombre “Kristos y Adonay” después entona la misma letanía que había entonado antes “Israel”. La escena cambia otra vez y se hace más cruenta, canta y pronuncia en repetición, entre otras palabras incomprensibles: “Satanàs, Kristos, Baelzabub, Miriam...”, en un ‘crescendo’ abrumador las palabras se intercalan con lamentos y con la respiración jadeante, se da vueltas en la cama de un costado al otro, levanta los brazos... empieza a rezar el Padre Nuestro, siempre en Arameo... Después canta de nuevo las palabras “Kristos, Adonay, Miriam”, arremete contra Satanás. El tono de Giorgio es duro, inflexible, el enfrentamiento verbal es violento y el lamento cada vez más fuerte... Empieza a apretar la mano de Lorella repetidamente, hasta cuando emite un fuerte grito que da casi miedo. En ese momento aprieta de nuevo la mano de Lorella y después la suelta. Entonces, siempre jadeando y con un lamento continuo, empieza a golpearse fuerte el pecho con la palma de la mano izquierda, golpes secos, duros y a ritmo, exactamente a la altura del plexo solar: parece que pide perdón por lo que han hecho a Jesús y vuelve a entonar la letanía cantando el nombre de Adonay. Sonia le acaricia la cara y la cabeza, Lorella le tiene la mano en el plexo solar, Elisabetta y Dora le acarician los pies, sus hijos están a su lado, Giovanni le acaricia. Giorgio sigue llorando y se lamenta mucho… la agonía parece ser interminable… al final su cara se transforma en una máscara de desesperación y se golpea repetidamente las manos en la cara y en la cabeza, parece decir: “¿Qué te hemos hecho? ¿Qué te hemos hecho?”

Es imposible describir la desesperación de su rostro en ese momento, un verdadero abismo de desconsolación, de incredulidad y de dolor. Después de ésto finalmente se duerme destruído y su rostro se vuelve sereno. Yo salgo un momento y lo mismo hacen Mara y Lorella, se quedan Sonia y Dora que después nos cuenta: “Me he quedado unos minutos en la habitación con Sonia, estábamos solas ella y yo. La expresión de Giorgio era dulcísima, le he acariciado la cara, los ojos estaban semicerrados y me miraba con dulzura. Después los ha abierto mucho mirándome fíjamente al plexo solar. He salido de la habitación porque Mara y Sonia tenían que acomodarlo un poco para descansase mejor”.

A ese punto Dora regresa a su casa, me despido de ella, estoy trastornado, intento poner orden dentro de mi por todo lo que acababa de vivir, pero poco después me avisan que Giorgio se ha despertado y voy de nuevo donde él. Las palabras de Sonia describen bien lo que veo: “... poco después se despierta y vuelve entre nosotros consciente pero con ese estado interior aún muy fuerte, después de haber vivido esa visión transcendental que lo ha llevado al momento del proceso del Maestro y de Su crucifixión. Dentro de él está vivo el recuerdo de todos los actos cumplidos en esos dramáticos días en los cuales se consumó, a cargo de la humanidad, un verdadero deicidio. Habían matado a su amigo, su hermano, su amado y adorado Maestro, el Hijo de Dios. Giorgio vuelve lentamente a hablar…”

Arremete contra quien ha dejado solo al Maestro en esos terribles momentos y habla con un amor inmenso y una devoción profunda cuando se dirije a Jesús, con la voz a veces quebrada por el llanto, con una intensidad imposible de transmitir con palabras: “... cobardes, cobardes, no teníamos que dejarle solo… cobardes, somos cobardes… Tú nos has salvado Maestro… somos cobardes, no nos merecemos nada… mi vida es Tuya, mi vida es Tuya: tómala, haz de ella lo que quieras… Tu eres el verdadero amigo… el amigo verdadero… el amigo verdadero… solo Tu, nadie puede tener la amistad que tienes Tu... ¿Qué has visto en nosotros?... Nos has amado tanto, damos asco y tu nos has salvado... no Te traicionaré nunca, Te daré la vida... A mis hijos les hablaré de Ti… no hemos hecho nada por salvarte... Tu eres inocente... no imaginaba que Dios pudiera ser tan bello… hablaré de Ti Jesús... Jesús qué bello eres… el hijos de Dios, el hijo de Dios... has puesto ángeles a mi lado, ángeles, gracias Señor, eres un Verdadero Amigo, eres el Amigo Verdadero...”

Mientras pronuncia estas y otras frases, el rostro de Giorgio cambia continuamente la expresión: disgusto, vergüenza, amor, adoración, desesperación, dolor se reflejan en su rostro dando un profundo sentido a las palabras que de seguido salen de su boca. Imprevistamente su mirada se proyecta hacia arriba, con una mirada dulcísima y una sonrisa estática susurra: “Maestro tómame, te ruego tómame... tómame... tómame...” Sentimos una fuerte emoción, sentimos que verdaderamente el Maestro está ahí… pero de nuevo el corazón sobresalta en nuestros pechos: Giorgio nos mira y como si estuviese de nuevo presente en la realidad humana nos mira fijo en los ojos a cada uno de nosotros… la mirada no es la suya… dos ojos dulcísimos y profundos nos miran intensamente: “No habeis sido vosotros los que me habeis elegido a mi” nos dice lentamente con un tono de voz profundamente intenso que penetra hasta la raíz de nuestros espíritus: “sino que soy yo el que os ha elegido para que Mi Amor se manifieste en el mundo a través de vuestros corazones... yo os llevaré a mi Reino, estareis siempre conmigo...”.

Estas son las frases que recordamos mejor. La emoción es tan fuerte que las lágrimas empiezan a brotar por si solas, el corazón se sobresalta y la mente se pierde por lo que estamos viviendo. Recuerdo que ha expresado otros conceptos sobre la amistad que nos une...

Sucesivamente Elisabetta nos comenta: “Recuerdo bien estas palabras porque me sentía indignamente en un estado de gracia que solo El te puede conceder, aunque lo invoques, pero que también te puede quitar... Lo he leído muchas veces en “Imitaciones de Cristo”.

Nada más pronunciar esas palabras la mirada de Giorgio vuelve a dirigirse hacia lo alto y siempre dulcemente, susurra: “Señor, tómame cada vez que lo quieras....”

A este punto la experiencia parece terminar y Giorgio vuelve en si mismo poco a poco, abraza a la pequeña Sonia y le recomienda que no abandone jamás a Jesús porque El es nuestra única y verdadera certeza, el único Amigo verdadero, el único objetivo por el que valga la pena vivir, el refugio seguro para nuestras almas, nuestra salvación. Dice: “Toda mi familia es devota a Cristo, a Jesús”.

Una vez que vuelve en si completamente nos pregunta lo que habíamos visto, él no recordaba absolutamente nada de las frases que había dicho, de los discursos que había hecho. Nos explica que el vidente sale fuera del cuerpo y que su cerebro no recuerda nada porque estaba concentrado en el tremendo dolor que sentía... Lo que recuerda es solo el fuerte dolor en los estigmas y en el plexo solar y el intento de satanás de matarle. Un dolor y un ataque casi mortal del que le ha liberado Jesús.

Giorgio explica que probablemente no ha podido contener la emoción que ya le había embargado desde que estaba en la mesa... el Amor por El, por el Maestro, se ha hecho incontenible y le ha llevado a vivir lo que acabamos de contar. Sonia comenta confirmando lo que había dicho antes: “He tenido la neta sensación de sentir al Maestro durante la dura prueba en el Huerto de Getsemaní, el diálogo con Pedro, después el proceso delante de Pilatos, la tentación del maligno, el miedo, el sufrimiento, la crucifixión… después es como si él fuese el Bautista que a través de Juan el Evangelista vive ese trágico momento y se da golpes en la cabeza y en la cara con las manos desesperado por lo que habían hecho”.

Los demás testigos y yo compartimos esta opinión.

En cuanto a mi específica evaluación como estudioso de fenómenos particulares, que deriva también de mi personal amistad e intimidad con la vida de Giorgio Bongiovanni, vidente y estigmatizado, amistad e intimidad operativa que dura desde hace más de veinte años, considero que lo que he vivido forma parte de la casuística ampliamente conocida por otros conocidos videntes estigmatizados como Padre Pio, Anna Katherina Emmerich, Teresa Neumann, Teresa Musco ecc. El reino en el cual existen y se mueven estas elevadas entidades resulta claramente diferente de nuestro estado humano normal. Y quien tiene la suerte de vivir y de ser testigo de hechos como los que acabo de narrar lo percibe de lleno. Nosotros seres comunes estamos estrechamente encadenados en nuestra forma corpórea; nuestra identidad espiritual es totalmente esclava de la materia y vive en ella en el olvido de la verdadera patria de origen. Las puertas de los cielos están cerradas para nuestro ojo espiritual apagado, no comunicamos, a duras penas sentimos débiles rayos de ese plano. Vínculos férreos nos retienen y nos condicionan en la materia. Las leyes del plano material nos obligan a estar en caminos estrechos que dejan poco espacio a nuestro ser interior. Ellos no, su forma material, su cuerpo es un vaso en el que el espíritu entra y sale a placer, no tienen los vínculos que tenemos nosotros. Vida y muerte tienen un sentido diferente y están ligados unicamente a su específica misión en este ínfimo plano de existencia. Mueren y reviven vaciando estas pálabras del significado que tienen en nuestra común existencia material: son mutantes y nunca como ahora había percibido tan profundamente el significado de este término. Un término que me ha enseñado mi Padre espiritual Eugenio Siragusa. Un Padre que ha encontrado un digno y ejemplar heredero en Giorgio. Y si amo y me siento grato a Eugenio por el amor y el conocimiento que me ha dado, me siento aún más grato y amo a Giorgio por todo lo que nos da y que nos sigue dando, por habernos permitido dar una mirada a ese mundo donde obran ellos, los Mutantes. Un mundo donde reina en eterno la luz y el esplendor purísimo e inefable del amado, adorado Amigo y Maestro nuestro: Jesús el Cristo.


Escrito por Pier Giorgio con Mara, Sonia, Dora, Lorella y Elisabetta.


3 de marzo 2010