UNA JORNADA EN EL ARCA
ALEA-LORES JUNTO A GIORGIO
Como cada vez que nos encontramos en el Arca Alea-Lores, junto a
Giorgio, el tiempo parece detenerse, los pensamientos que te aturden
la mente en la vida cotidiana, desaparecen como por encanto, el amor
de los hermanos y el amor que Giorgio emana con su sonrisa solar te
entran en el alma, la penetran, la funden y como por encanto el mundo
parece detenerse.
Sus perlas de sabiduría antigua nos embriagan hasta tal punto que a
veces no logramos ni siquiera formular esas preguntas que te habías
prefijado y que a lo mejor has estado memorizando desde la mañana
como un colegial.
Al
final de la velada, como siempre cada uno de nosotros, luego de
haberle abrazado con todo el amor que somos capaces de brindarle y
del cual a veces tememos que quizás no pueda percibir cuán inmenso
éste sea, emprendemos el camino de regreso aún con el alma llena
del amor que él nos ha sabido transmitir, pero esta vez, mientras
estoy sentada en el asiento de adelante junto con mi hijo que
seguramente se dormirá al hacer algunos kilómetros, instintivamente
me pregunto.
¿Cómo sería mi vida si no hubiese conocido a Giorgio? ¿Si no
hubiese encontrado en ese camino estrecho y tortuoso que es la vida a
él, a Giorgio?
Seguramente no conocería la realidad extraterrestre, o tal vez la
habría conocido pero sin el aspecto espiritual que en realidad es su
esencia, no habría sabido acerca de la ley de la reencarnación, no
habría conocido a hermanos maravillosos, que en el momento que los
necesitas tu ya sabes que estarán, no habría abierto mi corazón al
Cristo con la esperanza de Su retorno, no habría conocido las
múltiples verdades que nos han hecho un poco sabios y más
conscientes, conocimientos que le pertenecen a él y que le fueran
transmitidos por su padre espiritual.
Probablemente no habría tenido las pruebas que la vida me diera más
tarde.
Y no habría conocido al maravilloso ser que es Raúl Bagatello.
En los segundos en los que estuve pensando en todo ésto, me sentí
perdida, sentí un dolor dentro mío, tuve la sensación de que me
habría perdido de algo maravilloso, que quizás me habría perdido a
mí misma, en la búsqueda de algo indefinido, de ese motivo para
darle a la existencia, comprendí que me habría perdido de algo
llamado verdad, comprendí que la vida sería aún más gris, sin la
esperanza ni la certeza de un futuro mejor para la humanidad, sin la
convicción de que algún día las cosas tendrán que cambiar,
aunque sea con sufrimiento, pero tendrán que cambiar.
En esos segundos comprendí que no quiero volver atrás, que quiero
continuar con él mi camino, con los amigos de siempre y con aquellos
que vendrán, con los amigos que no están más en el corazón, con
la esperanza de que regresen, comprendí que es una suerte para todos
nosotros haberlo encontrado, comprendí que quien lo haya abandonado
ahora en su corazón no podrá tener otra cosa que un vacío en el
corazón y quizás sin saber el motivo de porqué lo tiene, por el
miedo de admitir tenerlo, pero estoy segura de que es así, abandonar
a Giorgio, aunque sólo sea por pocos meses te deja un vacío que
tienes que llenar con mentiras e indiferencia, con la búsqueda
continua de algo que pueda reemplazar y llenar esa ausencia, porque
de otro modo no puedes seguir, no lo logras, pero el vacío está,
está ahí esperándote, hasta que dejes caer el muro de defensa que
has levantado frente a ti, para no sentir ese vacío dentro tuyo.
Comprendí que tenemos que dar gracias a Dios por habérnoslo
mandado, por ayudarnos a creer nuevamente en Él y en el Cristo, por
ayudarnos a reavivar ese amor que corríamos el riesgo de perder día
tras día en el corre corre de nuestra vida moderna, nuestra vida
cotidiana.
Es por ésto que desde mi corazón deseo decir:
Gracias Giorgio, gracias por estar con nosotros.
Bianchin Francesca
Arca Alea-Lores
10 de Diciembre de 2010